Hábitos que valen la pena

Desde hace días queriendo escribir sobre esto y ¡al fín!, me encuentro acá, con la intención de compartir “las maneras” de esta mamá-maestra.

¿No te ha pasado que de repente lo que jamás pensaste hacer porque te fastidiaba de niño/a estás replicando exactamente igual ahora que eres padre/madre?… pues así es. También me pasa. Yo creo que a todos, con algunas cosas.

Solíamos viajar mucho de niños en planes familiares y era todo un reto ir en el carro con mi papá. Recuerdo a todos los primos peleándonos el turno (y hasta era motivo de gracia y risas) para ir en nuestro carro aguantándole a papá sus clases de historia y/o geografía cada vez que pasábamos, por ejemplo, el límite entre un Estado y otro. Esto era una oportunidad única de ORO para hablar de grandes personajes del pasado, ríos, flora, fauna, estados-capitales  y pare así de contar….

Esos años quedaron atrás, pero costumbres como esas que me fastidiaban enormemente y a lo que ponía el 10% de mi atención (ups! lo dije papi) me encuentro repitiendo exactamente igual y al verme es tan divertido!!!. Ojalá Vero y Naty aunque sea lleguen a ese 10% de atención. Si replican la conducta cuando les llegue “su momento” me terminaré de convencer y ellas igualmente lo harán, que todo ese tiempo, por más fastidioso que sea, tuvo sus frutos.

Esta fue solo una anécdota que quise compartir de esas cosas que me dije “jamás haría” y hoy me veo desde afuera y replico cada mañana cuando vamos de camino al Colegio de las niñas. Claro – no ando dando clases de geografía todos los días -, sino que de repente sin darme cuenta y con gran satisfacción me encontré repitiendo la costumbre que papá tenía con nosotros cada mañana mientras íbamos a la escuela…

Toda esta costumbre/hábito de niña comenzó aquella época de mi infancia en la que vivimos lejos de la ciudad, en un pueblito en el que permanecimos por casi 5 años y en el que nos tomaba 30 minutos llegar al Colegio a través de una carretera nacional. El tiempo parecía eterno, mientras nos acostumbramos; considerando que no existían los tranques (trancas-tráfico) de hoy día.

El oficio de llevarnos a la escuela durante todo ese tiempo recayó totalmente sobre mi papá y para entonces cada mañana mientras íbamos, además de repasar – si había examen – el hombre de la casa nos invitaba a rezar. Tal vez mi hermano no lo recuerde y aunque por mi parte no siempre fue “la invitación más atractiva del día”, lo hacíamos ya como rutina de primera hora de la mañana.

Ese papá, hoy abuelo, ni se imagina lo agradecida que estoy por ese hábito que inició a su momento.
Yo comencé antes con las niñas, pero te digo algo: siempre será un buen momento cuando de “dar gracias” se trata.
Indiscutiblemente han pasado cosas en mi vida que han fortalecido la fe que mis papás sembraron un día en mi corazón, pero certifico y repito una vez más, que así como todos los grandes aprendizajes y hábitos en la vida deben ser dados en la primera infancia, igualmente la edad temprana (de 0 a 7 años) es el momento perfecto para iniciar la relación cercana con Dios Padre. Cada vez que escucho a Vero y Naty “hablar con Dios” de manera espontánea y natural, reitero día a día como el hábito de tener un espacio para la oración personal, definitivamente es mágico sembrarlo en los niños desde pequeños.

Les confieso que no tenemos grandes espacios de oración familiar en el día a día. El momento del “camino al colegio” es el instante clave y no siempre las llevo yo, pero ¡Les animo!. Me valgo del sol saliendo a pleno esplendor, la maravilla de haber comenzado un nuevo día, la oportunidad de ir juntos al colegio, una lluvia sublime, la acción de gracias por una visita, la petición por un examen, el amanecer, el descanso, el trabajo, la petición constante por nuestra Vzla, el deseo de encontrarnos de nuevo con nuestros seres amados, el regalo de tener un colegio-amigos y una maestra linda, la bendición de haber dormido en un colchón confortable, el regalo de desayunar antes de salir de casa…. DIOS! Son tantas cosas por las que dar GRACIAS, pedirte y hablarte!. De hecho, una gran estrategia es ir numerando por turnos las cosas por las cuales dar gracias.
Sin darse cuenta, habrán llegado al cole y el tiempo no será suficiente!!!

No es necesario esperar a que algún día ellos comiencen a rezar por una petición en específico o que formalmente inicien sus clases de religión. El tiempo para enseñarles a agradecer es HOY, es mañana cuando arranca un nuevo día!. En poco tiempo verás como solitos, por iniciativa propia, te invitan a orar, cuando por circunstancias de adultos, lo hayas olvidado.

Feliz noche.

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Acerca de Luizandra Mendoza

Hija, Mujer, esposa, mamá y maestra. Mis temas: educación, familia y crianza. Amo enseñar a grandes y chicos y de toda experiencia una oportunidad para crecer.
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